# La almohada de la luna

> Una nubecita solitaria desea ser una almohada suavecita. Mientras Sam se queda dormidito, descubre que la nubecita ya tenía su propósito: ser la almohada de la luna.

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Last updated: 2026-03-02

- Ages 3-4
- 3 min
- Mágico
- Narrador

## Characters

- Sam (Son)

## Story

Sam estaba acostadito en su camita. Su cobijita lo envolvía calientito, bien apretadito, como un abrazo suave que no se acababa nunca.

Su almohada era blandita, tan blandita como una nube. Y su cuarto estaba muy, muy, muy callado. Todo estaba quieto. Todo estaba tranquilo.

Sam volteó su carita hacia la ventana. Afuera, el cielo de la noche era grande y oscuro, lleno de estrellitas chiquititas que brillaban... y brillaban... y brillaban.

Y la luna estaba ahí, redonda y dorada, grandota y bonita, como una lucecita suave que cuidaba el cielo entero.

Entonces... algo pequeñito pasó flotando por la ventana. Era una nubecita. Chiquita, blanca, suavecita, callada como un susurro. Iba solita por el cielo grande.

Se veía un poquito perdida en toda esa oscuridad. Una nubecita sola, flotando despacito entre las estrellas.

Y adentro de la nubecita, de la manera en que piensan las nubes, lento y suave, había un deseo. La nubecita quería ser una almohada. Una almohadita blandita y esponjosita, como la que Sam tenía debajo de su mejilla.

Entonces la nubecita intentó. Se infló grandota, como un malvavisco enorme, redondita y gordita. Pero seguía flotando.

Bajó despacito hasta un arbolito para descansar entre sus ramas. Pero el viento la empujó suavecito... fuuu... y la nubecita siguió flotando.

Flotó hasta la ventana de Sam. Quiso quedarse quietecita en el borde, sin moverse. Pero las nubes están hechas para flotar. Y la nubecita siguió flotando, despacito, despacito.

Sam sentía sus ojitos pesados. Apretó su mejilla más profundo en su almohada blandita. Un pensamiento lento y dormilón le cruzó por la mente, como una plumita que cae...

Miró por la ventana una última vez. Y vio algo muy bonito. La luna grande y redonda y brillante... estaba recargada, suavecita, contra la nubecita.

La luna se recargaba en la nubecita igual que Sam se recargaba en su almohada. Despacito. Suavecito. Con todo su peso dorado descansando ahí.

La nubecita ya era una almohada. Siempre lo había sido. Una almohadita para la luna. Había estado haciendo lo correcto todo el tiempo.

Y la nubecita lo sintió también. Esa sensación calientita y tranquila de estar exactamente donde tenía que estar. Dejó de buscar. Dejó de intentar. Se quedó quietecita, flotando despacito, con la luna recargada suave en su costado.

Los ojitos de Sam se cerraron. La ventana era un cuadrito oscuro y callado. Afuera todo estaba quieto. Todo estaba suave. Todo descansaba.

La luna en su nubecita. Sam en su almohadita. Y todo el cielo, dormidito, tranquilito y en paz. Buenas noches.

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